En uno de mis primeros largos viajes por tierras incas, tuve la magnífica oportunidad de visitar el impresionante Machu Pichu. Apesar de mi juventud, mi pasión por la escritura hizo que dejara testimonio en mi diario sobre el día que pasé en la misteriosa ciudad inca. Actualmente Machu Pichu se situa en la lista entre las 7 maravillas del mundo. El próximo 7 de julio se harán públicos los resultados de las votaciones, así sabremos que monumentos han sido clasificados como las nuevas maravillas del mundo. ¡ Mucha suerte Machu Pichu !

“El martes era el día que iba a visitar el Machu Pichu; la ciudad perdida. Me levanté a las 5 de la mañana, en 30 minutos pasarían a recogerme para llevarme a la estación de trenes San Pedro. La agencia me reservó un billete en primera clase, viajé solito en un compartimento con 4 asientos, mi guía se llama Wilber, me mosqueé un poco porque pagué 60 dólares y ví que pasaban un poco de mí pero en fin sabía que iba a visitar el Machu-Pichu a toda costa. Una vez que llegamos a Casas Calientes donde daba fin nuestro billete de tren, tuvimos que tomar un bus para llegar finalmente a la puerta principal del recinto donde me encontré con Yovanna. Se hicieron dos grupos de visita: uno en lengua inglesa y otro en español.
Machu-Pichu es una ciudad inca que se halla a unos 130 km de Cuzco, a 2350 metros de altitud, poco se sabe puesto que todos los escritos fueron quemados por los españoles. En 1911 un norteamericano llamado Hiran Bingham encontró estas ruinas gracias a un joven campesino de la ciudad. Un año más tarde comenzó su limpieza y rehabilitación. En tan sólo 3 meses se abrieron las puertas para poder visitar lo que en su día fue una gran ciudad. En 1515 se investigó acerca de estos vestigios, aunque se sabe bastante de ella queda lo principal que es verificar sí todo lo dicho es cierto.

A partir del 1928 se empezaron a publicar libros sobre la ciudad de los incas pero creo que no es aconsejable creedlo porque no esta confirmado nada de lo que se cuenta. En mi opinión las explicaciones del guía eran demasiado pesadas y extensas. Apenas nos dejó tiempo libre para pasear y disfrutar de dicho descubrimiento. A la hora de la comida nos bajamos a Casas Calientes, tan sólo me comí dos plátanos y un mango porque la comida que ofrecían no era de mi agrado, tampoco me daba confianza. La vuelta a Cuzco se me hizo un poco pesada, fueron 4 horas de viaje en zig-zag. Cuando llegué a la estación me estaba esperando la señora de la agencia para llevarme a casa donde estoy hospedado. un caldo y de segundo carne de res con papas y una pequeña ensalada. Le agradecí la cena, pues tenía hambre. La familia que me invito a pasar unos días en su casa me estaban esperando para ir a un espectáculo de folklore peruano, pero estaba tan cansado que opté por ducharme y echarme a dormir”.

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