Cada día las vacaciones se van distribuyendo a lo largo del año en pequeñas escapadas. Dejamos atrás ese único viaje de larga distancia que nos dejaba con el bolsillo tan tieso que no nos permitía posteriormente hacer ningún gasto extra.
Cuando el trabajo me lo permite, disfruto como un enano organizando mi ruta, esta vez la gran afortunada es la parte más septentrional de la provincia de Almería. Cuna de culturas de la Edad del bronce y del cobre, donde se asentaron romanos aprovechando que pasaba la calzada que unía Cartago con Cástulo.
La primera fotografía que me regala Velez Rubio es de un conjunto de casas blancas y sumamente simétricas, encaladas todas ellas sobre la falda del impresionante Parque Natural Sierra Maria-Los Velez como telón de fondo. La gran protagonista de esta bella panorámica es la parroquia de la Encarnación que se alza mirando al cielo. Templo barroco que fue declarado Monumento Nacional en 1982, su visita no nos dejara indiferente y, además su acceso es gratuito. Las Calles silenciosas y repletas de historia serpentean con una ligera inclinación, las pequeñas balconadas donde los rojos geranios alegres te dan la bienvenida en forma de aroma, además de invitarte a relajarte en la plaza de la encarnación con un delicioso café en el Martos Caffe. La explanada peatonal queda rodeada por la parroquia de la Purificación y el ayuntamiento que aunque ha sufrido alguna reforma con estilo modernita, su fachada se sigue considerando barroca.
El deambular por sus empedradas callejuelas me regala perspectivas de casas señoriales construidas durante la época de máximo esplendor económico donde los adinerados supieron construir con un estilo propio -estilo clásico velezano-. Ya al mediodía, con un sol de justicia, mi paladar no puede resistirse a degustar unas rodajitas de ese jamón, curado con tanta delicadeza como lo cortan de la jamonera. Desde la puerta con un acento andaluz me despide jovialmente la camarera invitándome a los Carnavales para degustar las exquisitas tortas de bacalao que sirven para la ocasión.
Me sigo adentrando por carreteras labradas sobre una garganta montañosa, un paisaje sin fin donde las palabra belleza se escribe sobre sus montes verdes. Los inviernos aquí son largo y fríos llegando ha quedarse sus habitantes incomunicados debido a las grandes heladas. A tan solos unos kilómetros es visita obligada hacer una breve parada en Velez Blanco, esta vez me recibe con los brazos abiertos el monumental cuerpo con forma de fortaleza.
El castillo Palacio del Marques de los Vélez fue declarado Patrimonio Histórico Artístico. No fue para mi ninguna sorpresa enterarme de que su interior permanece vacío ya que sus ornamentos fueron vendidos hasta parar en el Museo Metropolitano de Nueva York. Por el momento prefiero disfrutar de la estructura urbana que tiene su afamado barrio de la Morería y dejar para otro momento la ciudad de los rascacielos. Si hablamos de cultura musulmana no podemos obviar una riqueza natural como es el agua. Velez Blanco disfruta de una ingeniería hidráulica regalo de nuestros antepasados, dándole una frescura a limpio donde cada fuente emana historia transparentes. Así que si aun no te has dejado ver por estos parajes. ¿A que esperas?